jueves, 29 de mayo de 2014

EL MAZAPÁN DE MAREY

El mazapán de merey de Ana Teresa

Escrito en Trabajos Especiales
El mazapán de merey de Ana TeresaA principios de mayo estuve, de paso, por Ciudad Bolívar. Fue un hermoso viaje. Venía de Puerto Ayacucho e iba hacia Barcelona. Esa parada por la Angostura del Orinoco me permitió saludar a la gran poetisa Teresa Coraspe y compartir con ella, reencontrarme con mi entrañable amigo Michel Contreras, después de nueve años; y conocer a la escritora Ana Rosa Angarita Trujillo, a quien junto con Teresa visité en Puerto Ordaz el 3 de mayo.

                                   

Ese día, conmemoración de la santa Cruz, pude participar en varios velorios de Cruz de Mayo. Uno en la avenida República en la casa de las hermanas Lainette, grandes amigas de Teresa, y otro en la Cruz del Perdón, en pleno Paseo del Orinoco, frente a la incomparable Piedra del Medio. Las hermanas Lainette, aún sin reconocer a Teresa, se apresuraron a recibirnos con gran cariño y obsequiarnos un vaso de jugo. Suelen ofrecer chicha, pero por carencia de leche no la pudieron elaborar. ¡Qué hermoso saber que todavía conservan la hospitalidad venezolana y guayanesa! En la Cruz del Perdón, donde tumbaron una piñata y unos mariachis le cantaron a la Cruz, se iba a celebrar más tarde un tradicional duelo de décimas en honor a la Cruz. No lo pudimos esperar, pues íbamos a la casa del nieto de Teresa, Hani Fernández, quien estaba de cumpleaños. De todas maneras, Teresa, Michel y yo disfrutamos esa experiencia como si nos hubiéramos tirado al piso a recoger los juguetes que cayeron para delicia de los niños y algunas abuelas. Las hermanas Lainette querían que nos quedáramos un rato más. En el camino entre su casa y el paseo del Orinoco vimos otra más con la cruz decorada. Nos detuvimos y nos invitaron, pero el velorio se iba a celebrar al día siguiente.


                 

Ya de viaje a Barcelona, el domingo 4, en Soledad, compré unos mereyes tostados. Se los traje a mi tía Ana Teresa Castillo Lara, hermana de mi mamá, incomparable en sus manos y conocimientos culinarios. Hizo un mazapán muy fino. Desde hace muchos años he probado los mazapanes de merey, pero nunca como este que logró con tanto cariño mi tía. En otras ocasiones ha hecho, también con productos guayaneses, un mazapán de yuvía (castaña de Pará o nuez de Brasil) y un bizcocho de mañoco (una especie de harina gruesa sacada de la yuca).

Me contaba la sublime Lyll Barceló Sifontes que las Siervas del Santísimo, en su casa de la avenida La Paragua, elaboraban un mazapán de merey muy estimado en Ciudad Bolívar. Nunca, sin embargo, tuve el placer de degustarlo. Llegué a probar otro que hacían en la dulcería La Guayanesa, cerca de la avenida República (y de un antiguo expendio de licores llamado “El Bar de Horacio”), venta de dulces adonde fui muchas veces con Nelly Arvelo-Jiménez.

He comido algunos mazapanes confeccionados en Ciudad Bolívar y otros en Soledad (“Dulces Guaipo”). En ocasiones soñé con encontrar a unas viejos parientes (los Echeverría) que vivían en Ciudad Bolívar y que solían mandarle mereyes pasados a mi abuelo materno. De hecho, el único regalo que mi mamá, Ana Lola, recibió el día de su primera comunión, celebrada en Güiripa el 21 de mayo de 1937, fue una caja de mereyes pasados, obsequio de esos parientes. Me preguntaban si alguna de esas viejecitas de la familia sabría preparar un mazapán de exquisito sabor. María Teresa Tovar, al leer el borrador de estas líneas, también recordó otros mazapanes famosos.
Con mucho orgullo familiar, debo decir que el de mi tía Ana Teresa ha resultado insuperable. Es de una finura extraordinaria. Va a recubrir unos con chocolate y creo que serán una delicia. Con una pequeña cantidad de merey sobrante quiere preparar un árbol para el matrimonio de su nieta Mariana Barrios Hernández, que recordará el Árbol de la Vida presente como elemento fundamental en la historia sagrada de tantos pueblos indígenas guayaneses.
Quiero dejar este testimonio gastronómico de cronista y compartirlo con tantas personas queridas, a quienes me une el común amor por Ciudad Bolívar y Guayana, que en el fondo es una gran pasión por Venezuela.

         

Le dedico este comentario a doña Eudoxia Lecuna de Pereda, mi suegra, y a la memoria de su mamá, doña Lila Jiménez de Lecuna, nativa de Caicara del Orinoco y emparentada con los Delepiani de Ciudad Bolívar, así como a su amiga Clara Rojas y mi querida doña Petra Brito, expertas cocineras caicareñas, por su cristal de guayaba y sus turrones de moriche, por sus bollitos y el delicioso paloapique.

Horacio Biord Castillo

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