martes, 27 de enero de 2015

SUPRESION DEL MINISTERIO DEL AMBIENTE


Riolama Fernández, Biol. M. Sc

 La supresión del Ministerio del Ambiente tiene demasiadas y profundas implicaciones de índole económica y de sometimiento a intereses foráneos que los venezolanos no deberíamos dejar pasar por alto, sobretodo en un país cuya indiscutible riqueza es precisamente sus recursos naturales. Nada más en el Estado Bolívar, no voy a mencionar otros porque todos son ricos, tenemos todos los minerales de la tabla periódica, entre ellos oro, hierro, también diamante, bauxita y cientos de minerales no metálicos como arena para construcción, granito, y todo tipo de rocas de valor económico, también tenemos las fuentes de agua más prístinas y mejor conservadas del planeta (hasta ahora) y se sabe que las guerras del futuro serán por agua, están las mayores extensiones de áreas protegidas y con todo y la minería ilegal la mayor extensión de selva sin deforestar de américa latina, somos un importante pulmón vegetal, por cierto muy apetecible por su inmensa riqueza forestal en recursos con alto valor económico como madera, plantas medicinales de uso farmacológico y en la industria de productos de belleza, y no vale obviar la Faja Petrolífera del Orinoco, estos solamente por mencionar algunos de los que ya están en explotación y en la mira de transnacionales de todo el mundo, y basado en estos recursos,  imperios como China y Rusia ya han invertido en Venezuela y nuestro Estado, a pesar de estar ubicados bien lejos.

Venezuela tiene el cuerpo legal ambiental tal vez más rico y mejor desarrollado del mundo, su cumplimiento o no es otro tema, pero la mayoría de nuestras normas están diseñadas en función del valor de lo que tenemos y también, hay que reconocer, diseñadas en función del concepto de desarrollo sustentable que permite la explotación y uso de los recursos naturales siempre y cuando se implementen controles, se cumplan normas, se apliquen medidas compensatorias ambientales y sociales, se invierta en recuperación y conservación del ambiente, amen las tasas impositivas establecidas en nuestras leyes fiscales. En nuestro país ambiente es dinero y regir el ambiente es poder.

Una institución como el Ministerio del Ambiente en un país como el nuestro es sin dudas un monstruo de mil cabezas y como tal tiene de todo, entre ese todo entra gente con una elevada formación profesional y capacitación técnica, gente con valores éticos ambientalistas, gente con intereses económicos, políticos, gente sin principios y por supuesto la infaltable corrupción como en toda organización gubernamental de este país, pero el Ministerio de Ambiente tiene algo que muy pocas instituciones tienen: terminan amando el suelo que pisan y tiene valores institucionales, inclusive hasta a los funcionarios corruptos valoran y les duele el ambiente, eso hay que decirlo. En el Ministerio de Ambiente, no importa el rango, cualquiera barre, bota basura, siembra y riega matas, y se hace como un valor y con orgullo, aunque el Ministerio de Ambiente tiene sin dudas una función más allá que lo ornamental pero a eso lo pretenden llevar.

¿A quién puede dolerle el país más que a quien lo conoce tan bien? Esos son los funcionarios del Ministerio del Ambiente que con mejor o peor formación, con tras pies o no, a duras penas y logística escasa, han luchado por conservar de la mejor manera posible con sus manos a veces atadas a intereses jerárquicos de Estado, los recursos naturales que todavía tenemos.

Cientos de personas como yo luchamos desde nuestro sitio y con el arma que tenemos, nuestra formación profesional, por el fortalecimiento del Ministerio del Ambiente, que no estuviera supeditado, que tuviera jerarquía e independencia y que fueran los demás entes ya sea públicos o privados (explotadores y utilizadores de recursos naturales) los que tuvieran que supeditarse a él, es decir a la normas ambientales de nuestro país, porque desarrollar actividades en Venezuela, por ley, no se puede o debe, sin una autorización del Ministerio del Ambiente y esa autorización lleva páginas con cantidad de condicionantes de orden técnico-legal y ambiental, aspecto de Venezuela que desean obviar los capitalismos salvajes como China, de los más salvajes del planeta en cuanto a explotación humana y ambiental se refiere.

Y digo lo que estoy diciendo con la autoridad que tengo en la materia, porque como se lo dije a una ex Ministra: yo soy una autoridad ambiental en este país no porque fue decretado en Gaceta, yo soy una autoridad ambiental en este país porque me la gané pateando monte, nadando, escalando, rodando, cabalgando, volando y metiendo los pies en charcos, lidiando como conciliar los intereses de Estado, los políticos, económicos de la nación con nuestras leyes ambientales, lidiando con intereses de los empresarios e inversionistas, con intereses de los pequeños, medianos y grandes mineros y corporaciones transnacionales, con los madereros e industriales, lidiando con las necesidades de las comunidades y de los políticos de turno, lidiando con otras instituciones de poder como gobernaciones, alcaldías y otros ministerios también poderosos, con los indígenas depauperados y con los venidos a más, lidiando con los principios institucionales y con los míos, lidiando con la realidad de mi país. Y con la autoridad de la que estoy investida estoy aquí como la guerrera que siempre he sido, disparando mis últimos cartuchos institucionales, porque es un hecho que el Ministerio de Ambiente ya está suprimido y como dijo Seneca “es más sagrado rendirse con las armas en la mano” y la mía siempre ha sido la escritura.

¿Qué batalla perdimos? ¿Qué batalla perdimos gente como yo? ¿Qué batalla perdió nuestro país? El sometimiento institucional del Estado a intereses foráneos. Gente como yo luchamos porque todas las empresas que explotan recursos naturales y causan impactos ambientales y generan contaminantes estuvieran dotadas de una oficina o departamento ambiental y que esas oficinas tuvieran rango gerencial, es decir que las decisiones de productividad tuvieran el mismo rango y capacidad de decisión que las oficinas ambientales, que la productividad estuviera atada al control ambiental, que nadie pudiera subordinar lo ambiental a lo productivo, señores eso es lo que acaba de suceder en el país con la máxima autoridad ambiental de Venezuela, se ha sometido no a los intereses del Estado y a los intereses nacionales y de conservación de los recursos naturales para el disfrute y aprovechamiento de las generaciones futuras sino a los intereses de los inversionistas extranjeros; le quitaron al Ministerio de Ambiente su jerarquía de autoridad sobre las otras instituciones y sus capacidades de diseño de las políticas nacionales de ordenación territorial y de explotación de la naturaleza para someterla a la hechura y fabricación de viviendas en cualquier sitio, aunque sea un área protegida, que nadie pueda tener autoridad para parar a un chino o ruso si este llegara a contaminar, para otorgarles autorizaciones de aprovechamiento de nuestros recursos sin mayores objeciones, condiciones, recomendaciones, lo que es bien conocido en el mundo no institucional como “las trabas del Ministerio del Ambiente”. Si señores, el Ministerio del Ambiente para los inversionistas siempre fue considerado “una traba” porque no quieren cumplir con nuestras leyes; y para los que si estaban dispuestos a cumplir, la institución era respetada como autoridad y terminaban dándonos las gracias por mejorar sus procesos productivos (un ambientalista de verdad sabe mejor que nadie de procesos de producción y la contaminación que generan), nos agradecían porque gracias a la aplicación de nuestras leyes, mientras más insumos se convierten en productos menor es la generación de contaminantes y era una relación ganar-ganar, ellos producían, generaban empleo en país,  mejoraban las condiciones de vida de la gente donde funcionaban y cumplían o intentaban cumplir con las normas ambientales aunque fuera “por miedo al Ministerio de Ambiente”, otros cumplían porque preferían cumplir a ser matraqueados, otros más bobos dándoselas de vivo incumplían y se dejaban matraquear, sí, porque ser un excelente profesional no siempre implica entereza moral, pero lo grave es que esta batalla se perdió, por lo menos, por ahora.
 ¿Qué significa para los trabajadores del Ministerio del Ambiente su “supresión”?, que la institución para la que trabajan ya no existe, de facto, ya no trabajamos para esa institución, que los beneficios laborales institucionales ya no los tenemos y que si el nuevo organismo que se está formando no nos absorbe simplemente ya no tenemos empleo, como el Ministerio ya no existe por eso no nos asiste el decreto de inamovilidad laboral, que la Ley de Jubilaciones considera el último salario para ello, pero si lo que abultaba el sueldo eran las primas de antigüedad y profesionalización y el nuevo Ministerio tiene 24 días y si te absorbe y te jubila, lo hace con tu último sueldo mutilado sin las primas porque el Ministerio donde trabajabas ya no existe y ya no tienes las primas, es decir sueldo serruchado con la supresión, empezar de cero, jubilaciones masivas a gente que trabajó décadas, como novatos, es decir eres viejo para jubilarte pero nuevo en la institución, te vas sin primas ni compensaciones por años de servicio, son unos genios, lo supieron hacer, especialmente porque no informaron sino cuando el mal ya estaba decretado impreso en Gaceta Oficial. ¿Dónde trabajaran miles de profesionales a nivel nacional que pasan de 45 años? Con una jubilación depauperada no solamente por la inflación y el alto costo de la vida sino tronchada, mutilada por la supresión. A algunos les preocupa la nueva estructura, a otros les preocupa de que vayan a vivir, a otros nos preocupa quien controlará al capitalismo salvaje chino conocido mundialmente como el más contaminante del planeta.


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